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¿Zona T bajo asedio?
En la noche de un martes que no olvidarán, la sofisticación criminal chocó contra la precisión policial. El 15 de octubre de 2025, en el corazón vibrante pero vulnerable de Bogotá, una organización dedicada a drogar, secuestrar y saquear a sus víctimas fue finalmente desmantelada.
El grupo operaba con métodos que combinaban el engaño y la violencia silenciosa del somnífero. En los bares y locales nocturnos de la llamada Zona T, atrapaban a sus objetivos, reteniéndolos durante horas, a menudo extorsionándolos con sumas que llegaban a 40 millones de pesos. Fue una denuncia ciudadana la que prendió la mecha de la investigación, luego de que una víctima permaneciera cautiva casi 19 horas en septiembre de ese año. Desde entonces, la Policía Metropolitana, la Fiscalía y la Secretaría Distrital de Seguridad juntaron las piezas del rompecabezas — bases de datos, dispositivos electrónicos y dinero en efectivo— para triangular la ubicación de los sospechosos entre Bogotá y Soacha.
El secretario distrital de Seguridad, César Restrepo, no ocultó la gravedad y la esperanza del momento: “Este golpe al crimen organizado demuestra que la articulación institucional y la vigilancia ciudadana pueden arrebatarle a la delincuencia su impunidad”. Sin embargo, esta red, que hasta hace poco sembraba temor sobre empresarios y turistas por igual, dejó claro que la noche y sus sombras siguen siendo un terreno peligroso en la metrópoli.
¿Serán suficientes estos esfuerzos para restablecer la confianza y detener la erosión del espacio urbano que debe ser seguro? La captura de la banda es solo un capítulo. La pregunta que queda es cómo proteger, sin silencios ni sombras, a quienes transitan la ciudad y merecen no ser víctimas de la oscuridad.

