Mancuso se retracta: pide perdón a Uribe y admite que sus señalamientos “no le constan”

¿Silencio obligado o verdad revelada?

Este jueves 13 de noviembre de 2025, en una sala de la Fiscalía General de la Nación en Bogotá, Salvatore Mancuso, exjefe paramilitar y actual gestor de paz designado por el Gobierno colombiano, dio un giro inesperado: se retractó oficialmente de las acusaciones que había formulado contra el expresidente Álvaro Uribe Vélez, negando cualquier vínculo de éste con las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y, en particular, con el asesinato del exalcalde Eudaldo León Díaz en El Roble, Sucre.

Mancuso, quien había señalado públicamente a Uribe como partícipe indirecto de las brutales acciones de las AUC en versiones previas ante la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y en comunicados, reconoció esta vez no contar con pruebas que respaldaran sus señalamientos. En una diligencia preliminar, explicitó: “No me consta que el doctor Álvaro Uribe Vélez hubiera participado en la lamentable acción criminal perpetrada por las AUC que acabó con la vida del señor Eudaldo León Díaz”. La retractación se produjo tras la querella interpuesta por el exmandatario contra Mancuso por injuria y calumnia, en defensa de su honor y buen nombre.

Este acto no sólo implica un cambio de postura personal, sino que también marca un momento delicado dentro del proceso de justicia transicional que vive Colombia. Mancuso admitió el “alcance público” de sus palabras en estos escenarios y ofreció una disculpa pública, mostrando su disposición para una conciliación que repare los daños causados. Como uno de los 16 gestores de paz designados por el presidente Gustavo Petro, su figura se torna clave en el entramado político y social que rodea este caso.

La Fiscalía anunció que programará una nueva audiencia para el 4 de diciembre de 2025, en la que se seguirá dilucidando el alcance y las implicaciones jurídicas de esta retractación. ¿Es esta claridad una muestra del compromiso con la verdad o un paso estratégico para dilatar el proceso? La ciudadanía, expectante, observa cómo los fantasmas del pasado vuelven a reconfigurar el presente político y judicial.

Mientras tanto, queda la incógnita sobre cuántas piezas de este complicado rompecabezas se podrán esclarecer y si la justicia podrá avanzar entre las sombras que todavía envuelven a quienes alguna vez manejaron el poder y la violencia.

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