📸 Imagen cortesía El Tiempo
¿Dónde se esconden los niños de Armero?
Este 13 de noviembre se cumplen 40 años de la tragedia que sepultó bajo lodo y escombros la ciudad de Armero, en Tolima. Más de 25.000 muertos, un silencio agudo y 583 familias que aún buscan a sus hijos desaparecidos en el desastre.
Esa fatídica noche de 1985, el volcán Nevado del Ruiz erupcionó con furia inesperada. Una avalancha de lodo arrasó Armero en cuestión de minutos, borrando del mapa calles, casas y vidas. Entre la confusión y el caos, muchos niños lograron ser rescatados, pero la incertidumbre dejó una herida abierta: cientos de ellos perdieron contacto con sus familiares. Las cifras hablan de 583 menores desaparecidos, unos 150 sobrevivieron y fueron trasladados a hospitales y albergues; sin embargo, sus destinos permanecen en sombras. Algunos fueron dados en adopciones, incluso internacionales, que a día de hoy se sospecha fueron facilitadas por las falencias institucionales y la fragilidad de los controles en aquel entonces.
Francisco González, líder de la Fundación Armando Armero, afirma que la vulnerabilidad de la época permitió que niños fueran sustraídos y entregados sin las garantías mínimas. “Hace cuarenta años, gente llegaba al Armero, veía niños y se los llevaba. Otros iban a campamentos o al ICBF y simplemente decían ‘este es mi hijo’, y se los entregaban sin pedir cédula. La herida sigue abierta”, recuerda con dolor.
Este lunes, la Fundación junto con la Defensoría del Pueblo y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), que ha reconocido su responsabilidad y pedido perdón a las familias, continúan trabajando para esclarecer la verdad. La memoria y la reparación institucional, aunque valiosas, no han logrado desvanecer la incertidumbre alrededor del destino de esos niños.
Pero la pregunta persiste: ¿Dónde están esos hijos de Armero? Y más allá, ¿podrá alguna vez la justicia y la verdad arrojar luz sobre lo que ocurrió en un territorio donde la protección de la infancia se tornó en un eco lejano? La tragedia no sólo sepultó una ciudad, sino también la confianza de muchos en sus instituciones. Hoy, cuatro décadas después, el vacío sigue intacto. ¿Será capaz la sociedad de llenar ese silencio?


