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¿Renuncia o nuevo rumbo?
En la fría Bogotá de este viernes 14 de noviembre de 2025, el senador Andrés Guerra Hoyos dio un giro inesperado en la ya compleja carrera hacia la presidencia de Colombia. Con una carta dirigida al director del Centro Democrático, Gabriel Vallejo, y al expresidente Álvaro Uribe Vélez, anunció su renuncia formal a la precandidatura presidencial para las elecciones de 2026. Su intención ahora es claro: regresar al Congreso y buscar una curul, dejando atrás el pulso por la presidencia dentro del uribismo.
La decisión llega en un momento de reestructuración interna del partido, que se prepara para definir su candidato antes del 6 de febrero. Aunque el método de selección sigue sin confirmarse, Guerra no dudó en criticar la falta de transparencia en la consulta interna, sobre todo respecto al mecanismo de encuesta que pretende escoger al sucesor del uribismo. Un proceso que calificó como “único y retador”, pero también marcado por la sombra de la tragedia, con el asesinato de su compañero senador Miguel Uribe Turbay, lo que añadió un peso emocional difícil de sobrellevar.
En su misiva, Guerra no solo se despidió de la batalla presidencial, sino que reconoció el apoyo de sus militantes y el aprendizaje político que le dejó esta experiencia. Aunque cambie de ruta, quiere seguir siendo una voz activa dentro del partido y espera ser incluido en la lista al Senado para las próximas elecciones. Su salida redibuja el mapa del Centro Democrático, que ahora cuenta con cuatro precandidatos en carrera: María Fernanda Cabal, Paloma Valencia, Paola Holguín y Miguel Uribe Londoño.
¿Un paso atrás para dos adelante? Mientras la contienda presidencial del uribismo se endurece, la renuncia de Guerra revela más que una simple retirada: expone tensiones internas y cuestionamientos sobre la transparencia en los mecanismos democráticos del partido. En medio de desafíos y dolor, la pregunta queda en el aire: ¿podrá el Centro Democrático afirmar su unidad y renovar confianza en un proceso que parece desgastarse? Por ahora, los reflectores siguen apuntando hacia febrero, mientras las piezas se reorganizan en el tablero político.


