Antioquia abre licitación por $882.000 millones para pavimentar y estabilizar 634 kilómetros de vías

📸 Imagen cortesía Gobernación de Antioquia
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Este diciembre, en las entrañas de Antioquia, un sueño largamente pospuesto comienza a tomar forma con el anuncio de la mayor inversión en infraestructura vial que la región haya conocido en años.

La Gobernación de Antioquia decidió volcar más de $882.000 millones sobre la pavimentación y estabilización de 634 kilómetros de vías secundarias y terciarias en 29 tramos dispersos por 46 municipios. La cita ineludible está marcada para el 24 de noviembre de 2025 —fecha en que se adjudicarán las obras que, a finales de diciembre, deberán iniciar su revolución en el terreno. Un proyecto que no solo alisa caminos, sino que busca desbrozar las sendas del desarrollo rural y reanimar la economía local, fortaleciendo la conectividad y competitividad comercial.

Desde octubre pasado, cuando se abrió la licitación —la más ambiciosa en infraestructura vial bajo la actual administración—, la expectativa ha ido en aumento. El desafío es claro: elevar del 45% al 65% la proporción de vías pavimentadas sobre un total de 5.000 kilómetros que el departamento administra. Gissed Milena Martínez Echeverri, secretaria encargada de Infraestructura Física, lo transversaliza con convicción: “Con estas obras vamos a mejorar la transitabilidad, la seguridad vial y la competitividad para comerciantes y campesinos”, señalando que el impacto irá más allá del cemento para tocar la vida diaria de los antioqueños.

La apuesta técnica se fundamenta en estabilizar suelos con mezclas de cal o cemento, aplicar material granular y doble riego, respaldada por sistemas de drenaje que prometen mayor durabilidad y menores costos de mantenimiento a largo plazo. La obra se dividirá en ocho lotes para una gestión regional eficiente: Urabá, Norte, Oriente, Occidente, Suroeste, Magdalena Medio, Nordeste y Bajo Cauca.

Desde los municipios, la respuesta es de esperanza. Julio César Lopera Posada, alcalde de Entrerríos, encarna la expectativa general al resaltar el arraigo de estos caminos en la vida económica y social de las comunidades rurales. Más que asfalto, lo que se pavimenta es una posibilidad tangible de avanzar hacia el progreso, al abrir rutas no solo para la movilidad sino para la dignidad y la oportunidad.

Mientras los plazos avanzan inexorables, queda la pregunta inevitable: ¿logrará esta inversión traducirse en un cambio real, palpable para quienes han esperado años por una vía digna? Las máquinas estarán en marcha, pero es toda la región la que aguarda, entre expectativa y prudencia, que el progreso no sea solo una cifra, sino un camino abierto para todos.

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