📸 Cortesía: X Jorge Emilio Rey
[SUBTENIENTE CAÍDO EN LA CORRIENTE]
Una corriente que reclama más que agua.
El sábado 8 de noviembre de 2025, en Peñalisa, municipio de Gutiérrez (Cundinamarca), la búsqueda terminó con un hallazgo trágico: el subteniente Carlos Andrés Rozo, comandante del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de El Colegio y miembro del Grupo Especializado de Búsqueda y Rescate Acuático de Cundinamarca, fue encontrado sin vida tras desaparecer durante una operación en el río Blanco. Rozo no estaba solo en aquella misión; buscaba a Shairin Tovar Quintero, una niña de 11 años arrastrada por la misma corriente que acabaría con su vida.
La emergencia comenzó el jueves 6 de noviembre, cuando a eso de las 11:45 a.m., Rozo fue sorprendido por la fuerza incontenible del río Blanco mientras guiaba a su equipo en la intensa labor de rastreo. Bajo su liderazgo, un dispositivo conformado por bomberos de otros municipios y departamentos, voluntarios y autoridades locales desplegaba el mayor esfuerzo posible para salvar a Shairin. Sin embargo, la imprevisible naturaleza del río cobró su precio y el comandante cayó ante la corriente.
El terreno, escarpado y casi impenetrable, solo permitió el acceso para recuperar el cuerpo mediante un operativo aéreo, según indicaron las autoridades lideradas por el gobernador de Cundinamarca, Jorge Emilio Rey. Cinco kilómetros río abajo, desde el último lugar donde Rozo fue visto en Puente Río Chiquito, su cuerpo fue hallado, asignando así el sentido final a una misión que buscaba vida y que, en cambio, encontró una ausencia profunda.
Rozo, más que un bombero reconocido por su compromiso y entrega, representa para la región un símbolo de sacrificio y coraje. La noticia de su muerte ha dejado un vacío en los equipos de búsqueda y en la comunidad, que aún hoy espera respuestas para Shairin. ¿Cómo enfrentará esta tragedia una región acostumbrada a la resiliencia y al servicio desinteresado? La muerte de un héroe en una lucha por salvar a otro obliga a preguntarnos sobre los límites del riesgo y la fragilidad del ser humano frente a la naturaleza implacable.
Mientras tanto, la corriente sigue su curso, indiferente, y sus víctimas suman capítulos a una historia intensa de búsqueda y pérdida. ¿Qué legado quedará de la labor de Carlos Andrés Rozo? ¿Podrá la comunidad superar un dolor que se niega a apagarse, como la fuerza incesante del río mismo?


