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¿Cali bajo vigilancia?
La tarde del jueves 21 de agosto, un estruendo rompió la aparente calma en la tercera ciudad más grande de Colombia.
Un atentado con carro bomba sacudió las inmediaciones de la base aérea Marco Fidel Suárez, dejando al menos seis muertos y más de 60 heridos. El dolor y la incertidumbre se instalaron, mientras la ciudad se preparaba para un prolongado estado de emergencia.
El ruido de la explosión resonó cerca de las 4:00 p.m., en la carrera 8, justo frente a la base aérea. Un vehículo cargado con explosivos detonó en una zona que habitualmente concentra un flujo constante de vehículos y peatones. Entre las víctimas, militares y civiles, destacó el caso de una niña de apenas cinco años, gravemente herida en medio de la tragedia. Más de 60 personas fueron trasladadas a diez hospitales distintos, tanto públicos como privados, desplegando una rápida y coordinada respuesta sanitaria. La Secretaría de Salud de Cali declaró la alerta naranja, activando protocolos de emergencia y ampliando la capacidad hospitalaria en las salas de urgencias.
En la mañana siguiente, el eco del atentado aún era palpable. Las autoridades insistieron en un llamado urgente a la ciudadanía para donar sangre y mantener medidas estrictas de autoprotección, especialmente cerca de sitios militares. German Escobar, secretario de Salud de Cali, enfatizó: “La red hospitalaria ha respondido de manera oportuna y está lista para cualquier eventualidad.” La ciudad, aunque herida, mostraba su resiliencia ante la adversidad.
Ante el temor de nuevos ataques, el alcalde Alejandro Eder decidió militarizar Cali. Tropas del Ejército y unidades policiales fueron desplegadas en puntos neurálgicos: principales vías, accesos y zonas estratégicas de la ciudad. La medida busca garantizar el orden público y disuadir posibles agresiones futuras, pero también obliga a preguntarse sobre la estabilidad y seguridad que puede ofrecer una ciudad bajo vigilancia militar constante.
Las heridas físicas y emocionales persisten, y la ciudadanía, a la expectativa, se pregunta: ¿podrá Cali recuperar la tranquilidad entre el ruido de los disparos y el eco de las bombas? ¿O esta militarización es solo un preludio de una incertidumbre que se prolongará? Mientras tanto, la ciudad permanece en alerta, bajo la sombra de un atentado que trastocó no solo sus calles, sino también la confianza en la seguridad.


