📸 Imagen cortesía Departamento de Policía Urabá
¡Rifas prohibidas, ¿quién gana realmente?
Este jueves 4 de septiembre de 2025, en las calles de Turbo, Antioquia, cuatro personas fueron capturadas mientras promocionaban rifas ilegales en plena vía pública y en el barrio Gaitán, en un operativo conjunto de la Policía Nacional y la Secretaría de Ingresos de la Gobernación de Antioquia.
Los detenidos —una mujer de 30 años y un hombre de 35, ambos colombianos, acompañados por dos hombres extranjeros de 31 y 27 años— fueron sorprendidos utilizando megáfonos para ofrecer rifas sin contar con permiso legal alguno. Al no presentar ningún documento que avalara su actividad, quedaron bajo custodia por delito de ejercicio ilícito de actividad monopolística de arbitrio rentístico, según el artículo 312 del Código Penal. En total, las autoridades incautaron aproximadamente 800 boletas: 300 de “Bono La Bendición”, 450 de “Los Parceros” y 47 de “El Encanto”, las cuales fueron entregadas como prueba ante la justicia.
Esta operación es parte de la estrategia “Seguros, Cercanos y Presentes”, orientada a frenar la venta ilegal de juegos de suerte y azar que, según la Policía Nacional, merman los recursos públicos destinados a la salud. En Colombia, el monopolio de estas actividades corresponde exclusivamente a entidades autorizadas como la Sociedad de Capital Público Departamental de Antioquia (SCPD) y Coljuegos. “Nuestro compromiso es la lucha frontal contra el juego ilegal, protegiendo los recursos que por ley deben ir a la salud de todos los colombianos”, señalaron los uniformados en su informe.
Detrás de estas capturas se revela un problema mayor: cómo la informalidad en actividades aparentemente inofensivas termina afectando la financiación de servicios vitales para la población. En otras regiones del país, la ofensiva contra el juego ilegal ha dejado un rastro de condenas, con penas que van de seis a ocho años, evidenciando que la ilegalidad en este sector no es un juego.
Mientras tanto, la pregunta persiste: ¿cuánto se pierde en el camino cuando la ilegalidad se instala en la superficie y socava el bienestar colectivo? Turbio como la suerte, el dilema sigue en las calles y en las urnas ilegales. ¿Podrá la ley mantener su mano firme y poner fin a este juego sin reglas?


