Colombia regresa al Consejo de la FAO tras 30 años y busca impulsar su reforma agraria

📸 Cortesía: @MinAgricultura
Colombia vuelve al centro del tablero agrícola mundial

Un paso largamente esperado.

En julio de 2025, Colombia recuperó su asiento en el Consejo Directivo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), después de tres décadas de ausencia. La ministra de Agricultura y Desarrollo Rural, Martha Carvajalino, encabezó la delegación en Roma, subrayando que este regreso es mucho más que un simple acto protocolario: es la materialización de una apuesta por la reforma agraria y el desarrollo rural, fundamentales para enfrentar retos continentales y globales.

Este retorno no es casualidad. Colombia ha atravesado ciclos complejos donde la tierra y su distribución han sido motivo de tensiones sociales y económicas profundas. En medio de estas disputas, la agricultura se ha mantenido como columna vertebral del país y motor de crecimiento: un dato revelador es que, según Carvajalino, el sector agropecuario creció un 8.1% recientemente, un alza que no se veía en cuatro décadas. Pero el desafío ahora es escapar de la trampa del crecimiento desigual y avanzar hacia sistemas agroalimentarios justos, sostenibles y resilientes al cambio climático.

Este hito se inscribe en la antesala de la II Conferencia Internacional de Reforma Agraria y Desarrollo Rural, que tendrá lugar en Cartagena en febrero de 2026, un evento que anticipa largas jornadas de reflexión y negociación. Para llegar preparados, el Ministerio de Agricultura ha organizado siete encuentros regionales para delinear un Plan Decenal de Reforma Agraria, con miras a consolidar una visión nacional que dialogue con las políticas globales. Así, la participación en la FAO permitirá a Colombia no solo influir en la agenda internacional, sino también acceder a fondos fiduciarios esenciales para financiar sus proyectos más ambiciosos.

La pregunta que queda flotando es si esta nueva etapa logrará romper los círculos viciosos de inequidad y fragmentación del campo colombiano. La presencia en un foro global ofrece visibilidad, recursos y legitimidad, pero la verdadera reforma deberá traducirse en transformaciones palpables para miles de campesinos y comunidades rurales que aún enfrentan incertidumbres. Mientras tanto, el país se prepara para mostrar que la justicia agraria puede ser la clave no solo para alimentar a Colombia, sino para alimentar con justicia al mundo.

El desafío está servido; la oportunidad, abierta. ¿Podrá Colombia hacer de este retorno un punto de inflexión? La voz de la tierra empieza a resonar con más fuerza en el escenario global.

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Captura de pantalla. Imagen tomada de la cuenta oficial de

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