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¿Dónde quedó la esperanza?
Un niño indígena de nueve años, Uriel García Jumi, desapareció en las turbulentas aguas del río Sucio la tarde del martes 7 de octubre en Dabeiba, Antioquia.
Era mediodía cuando Uriel, junto a su madre y a su hermano mayor de 13 años, atravesaba el río en una garrucha artesanal, un precario cable de transporte que une las riberas en esta zona rural montañosa. En el sector Alto Bonito, antes del túnel de La Llorona, el equilibrio se quebró. El niño cayó al agua y la corriente lo arrastró sin piedad.
Así, el corazón de la comunidad indígena Jaikerasavi del municipio de Mutatá, se tensó ante la noticia. La familia estaba en Dabeiba disfrutando la semana de receso escolar cuando la tragedia tocó a su puerta. Desde entonces, un intenso operativo de búsqueda reunió a bomberos, autoridades locales y vecinos, quienes han desplegado drones con cámaras térmicas y sistemas de geolocalización para encontrarlo. El terreno abrupto y las lluvias recientes transforman la búsqueda en un pulso contra la naturaleza.
“El terreno montañoso, las lluvias y la fuerza del río complican cada paso que damos”, confesó Mario Hernández, comandante del Cuerpo de Bomberos de Dabeiba, mientras cuatro unidades de rescate no cesan en su empeño. Sin embargo, la incertidumbre permanece y el reloj no se detiene.
¿Podrán las manos solidarias y la tecnología vencer el caos del río Sucio? Mientras la corriente sigue su curso, la comunidad aguarda y se pregunta si la esperanza será suficiente para traer a Uriel de vuelta.

