Plan de Estados Unidos en Venezuela prioriza control del petróleo sobre restauración democrática
Un análisis reciente señala que la estrategia de Estados Unidos en Venezuela no tiene como eje central la restauración de la democracia, sino la garantía de sus intereses estratégicos, particularmente en el sector petrolero, y mantener un régimen funcional a esos fines.
Según el experto consultado, el operativo militar que lideró la captura de Nicolás Maduro se difundió públicamente como una acción para llevarlo ante la justicia y abrir una transición democrática. Sin embargo, en realidad fue solo la primera fase de una estrategia más amplia orientada a una intervención y tutela política estadounidense. En ese sentido, el plan se desarrolla en tres etapas: estabilización, recuperación y transición, espacios condicionados al control económico y geopolítico que interesa a Washington.
Durante la fase de estabilización, se buscó evitar un colapso o caos interno en Venezuela al tiempo que se aseguró el control de los ingresos petroleros. Esto se exigió mediante bloqueos que hacen incautable entre 30 y 50 millones de barriles para la venta en mercados internacionales bajo una supervisión internacional hoy claramente orientada a mantener a Estados Unidos como la autoridad decisoria de esos recursos.
La segunda fase enfocó sus esfuerzos en la reapertura económica, permitiendo la reinserción del país en estructuras globales de cooperación y comercio, así como el acceso prioritario de empresas estadounidenses y occidentales al sector energético, relegando a segundo plano reformas profundas posibilitadoras de garantías electorales veraces. Reconstruir la industria petrolera en manos afines a Washington fue valorado como indispensable.
Finalmente, se contempla una fase de reconciliación y transición, sin plazos definidos, donde podrían incluirse una amnistía generosa, liberación de presos políticos y el retorno de exiliados. Esta posible apertura está condicionada a rằng núcleos alojados hoy en el Ejecutivo, como Delcy Rodríguez, den continuidad y seguridad a las relaciones establecidas entorno a la renta petrolera con Estados Unidos. Una práctica que, según el análisis, desvirtúa seriamente las promesas planteadas en torno a democratización.
Adicionalmente, la fuente aduce un cambio notable en el discurso y acciones exteriores anunciadas por el gobierno de Donald Trump, priorizando desde la justicia electoral o severidad directa contra el chavismo, hacia una alianza pragmática con esa misma cúpula del poder en Venezuela. Con ello persiguen privilegiar la estabilidad política en Caracas y el flujo por excelencia de petróleo crudo hacia el territorio estadounidense.
Esto revela, según se indicó, que el verdadero interés de la casa blanca no reside en revalidar democráticamente la voz del pueblo venezolano, sino ordenar y controlar un «patio trasero», asignando a Venezuela un papel protagónico en la aplicación de la Doctrina Monroe bajo nuevos esquemas de promoción de energía y poder en la región latinoamericana.
La comunidad internacional y locales están llamados a estar atentos y evaluar críticamente los alcances de esta estrategia para mitigar impactos en materia democrática y soberanía nacional, además de valorar las afectaciones económicas inmediatas.


