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[CONTINUIDAD ASEGURADA]
Pasaportes sin pausa hasta 2026
La incertidumbre no tendrá lugar. Este lunes 27 de agosto en Bogotá, el gobierno colombiano firmó la prórroga del contrato con Thomas Greg & Sons para la producción y entrega de pasaportes. La vigencia se extiende hasta el 30 de abril de 2026, asegurando que los ciudadanos no sufrirán desabastecimiento ni interrupciones en este servicio vital.
El anuncio oficial provino del Fondo Rotatorio del Ministerio de Relaciones Exteriores, que no tuvo más remedio que recurrir a una contratación directa bajo la figura de urgencia manifiesta. ¿La razón? Los planes para que la Imprenta Nacional y la Casa de la Moneda de Portugal asumieran esta responsabilidad se desplomaron frente a las advertencias de entes de control por falta de capacidad técnica nacional. Así, la continuidad quedó en manos del proveedor tradicional: Thomas Greg & Sons, empresa que lleva más de 15 años en este negocio en Colombia y que volverá a imprimir, custodiar y distribuir los pasaportes y etiquetas de visa colombiana.
“En Colombia nunca ha habido, ni habrá, crisis por expedición de pasaportes”, aseguró la canciller Rosa Villavicencio, despejando dudas que se gestaban tras los cambios recientes en la entidad y recordando que la demanda superó cualquier cálculo previo, razón por la cual se agregó una suma de $15.000 millones para cubrir el pico en solicitudes durante julio y agosto de 2025.
El contrato firmado asciende a más de $161.000 millones de pesos, financiados con recursos que incluyen vigencias futuras aprobadas por el Ministerio de Hacienda para 2025 y 2026, con más de $100.000 millones ya garantizados. La prórroga iniciará formalmente el 1 de septiembre de 2025, entrando en vigor mientras se avanza en la transición hacia un nuevo modelo estatal de producción que, se espera, insufle autonomía al país en este proceso.
Pero detrás de la extensión y del trámite administrativo se dibujan preguntas que el tiempo responderá: ¿podrá Colombia superar la dependencia tecnológica y la sombra de la incertidumbre? ¿Qué implica para la soberanía no lograr aún un control pleno sobre la expedición de su documento más personal? Mientras tanto, el sello oficial permanece en manos privadas, y los colombianos seguirán reclamando pasaportes sin demora, sin crisis, pero con el telón de fondo de un sistema que busca reinventarse.
Así, en la calma del anuncio, asoma una verdad incómoda: la confianza estatal aún debe ser restaurada, y el camino hacia la producción pública no parece cercano. El cronómetro avanza, y la nación observa, atenta, esperando que la burocracia no dilate mucho más la espera por el pasaporte que abre fronteras y protege identidades.

