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[CAOS AL AMANECER EN CARTAGENA]
El grito de gol que nunca llegó.
Cartagena, 12 de noviembre de 2025. Una noche destinada al fútbol terminó en desencuentro y violencia en el estadio Jaime Morón, ese santuario para los amantes del balompié que esta vez fue testigo de una batalla inesperada.
A falta de minutos para el pitazo final, el empate sin goles entre Real Cartagena y Real Cundinamarca encendió la furia reprimida de la barra rebelde Auriverde Norte. Alrededor del minuto 88, decenas de hinchas cruzaron la línea invisible y arrancaron hacia el campo de juego. Lanzaron sillas, piedras y objetos con una fuerza que no solo dañó el mobiliario, sino que quebró la tranquilidad del estadio. La Unidad de Diálogo y Mantenimiento del Orden (UNDMO) estuvo en primera fila, enfrentando amenazas incluso con cuchillos, intentando contener la marea humana sin levantar la mano alzada. Por los altavoces resonó el llamado urgente a la evacuación mientras los jugadores se refugiaban en camerinos que se volvieron invisibles ante la violencia emergente.
Pero el caos no se quedó dentro. Afuera, la ciudad vivió su propia batalla. Siete buses del sistema TransCaribe sufrieron daños irreparables, con vidrios estallados y puertas arrancadas. Pasajeros y conductores, víctimas del ataque con piedras, relataban el pánico de aquel momento. «Casi nos matan. Cerraron la vía con vallas y no podíamos movernos. Tuve que esconderme con los usuarios», contó uno de los operadores heridos, que incluso sufrió un traumatismo craneoencefálico.
¿Fue solo el descontento por un empate? ¿Un síntoma de una tensión más profunda? Las autoridades aún buscan esclarecer los motivos detrás de la violencia y contener la indignación que, más que deportiva, parece social.
Esta noche de noviembre termina con un saldo doloroso: cuatro personas heridas, centenares de sillas destruidas y la confianza erosionada en un espectáculo que debería unir, no dividir. ¿Podrá Cartagena encontrar la paz en el deporte o deberemos prepararnos para nuevas tormentas en la tribuna y en la calle? El grito de gol quedó ahogado, pero la pregunta persiste.


