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¿Violencia que no cesa en Cali?
Un jueves marcado por el estruendo de bombas. Cali, 21 de agosto de 2025. La tranquilidad de la Base Aérea Marco Fidel Suárez se vio rota cuando dos cilindros bomba estallaron en una zona concurrida, dejando un saldo doloroso: muertes, entre ellas la de una mujer embarazada, y más de sesenta heridos que ahora enfrentan un futuro incierto.
El ataque, atribuido a las disidencias de las FARC, específicamente al Estado Mayor Central, parece ser una respuesta violenta a recientes operativos militares contra la columna Carlos Patiño, vinculada al narcotráfico en el Cauca. La violencia se instala así una vez más, en un escenario en que la guerra no solo se libra en territorios remotos, sino en el corazón mismo de la ciudad, afectando a civiles y militares por igual.
Las autoridades locales no han dejado pasar esta herida sin reacción. La Alcaldía de Cali y la Gobernación del Valle ofrecieron una recompensa que alcanza los 800 millones de pesos, un esfuerzo conjunto para convocar a la comunidad a ser parte activa en la búsqueda de justicia. El alcalde Alejandro Éder enfatizó la importancia de la colaboración ciudadana, asegurando garantías de protección para quienes contribuyan a esclarecer este capítulo oscuro. A su lado, la gobernadora encargada María Cristina Lesmes reafirmó el compromiso con la paz y la seguridad, una promesa que parece necesaria en medio del vacío que deja cada explosión.

Mientras la Fiscalía General y la Policía Nacional avanzan en las investigaciones, surgen preguntas que no pueden soslayarse: ¿Cómo es posible que en un punto tan estratégico las fallas de seguridad permitan un atentado de esta magnitud? ¿Qué medidas reales se están tomando para prevenir nuevas tragedias? La memoria de las víctimas reclama no solo respuestas, sino acciones contundentes.
Este atentado revela una Colombia donde la violencia persiste como sombra al acecho, una herida abierta en la piel de Cali. El reclamo de justicia y verdad permanece. ¿Podrán las autoridades despejar las dudas y cerrar el ciclo de impunidad que tanto daño provoca? Por ahora, el eco del estallido no se extingue, y la ciudad sigue esperando paz entre tanta incertidumbre.
