📸 Cortesía: D.R.A. / captura de pantalla
¿UN BESO MAL DADO EN SEVILLA?
Una escena tensa se dibujó la noche del domingo 29 de junio de 2025 en el Palacio Real Alcázar de Sevilla, España. En plena apertura de la Cuarta Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo (FFD4), el presidente de Colombia, Gustavo Petro, protagonizó un momento diplomático incómodo al intentar saludar a la reina Letizia con un beso en la mejilla, gesto que el estricto protocolo de la monarquía española prohíbe.
El episodio tuvo lugar durante la cena oficial ofrecida por el rey Felipe VI y su esposa, anfitriones de una velada con más de cincuenta jefes de Estado y representantes internacionales invitados por las Naciones Unidas en el marco de la FFD4. En España, el saludo formal debe ser iniciado por la familia real y se limita a un apretón de manos con distancia física marcada. En contraste, el beso en la mejilla es habitual en los saludos oficiales en muchas culturas hispanoamericanas, contexto en el que parece haberse confundido el mandatario colombiano.

Testigos y registros audiovisuales difundidos por la televisión española muestran cómo, tras estrechar la mano del rey Felipe VI, Petro se inclinó para besar la mejilla de la reina Letizia. La monarca reaccionó con rapidez y sin romper su compostura: retrocedió un paso, extendió su mano derecha para un saludo formal y con el brazo izquierdo distanció al presidente, señalando que no avanzara más. Luego, dirigió al mandatario hacia el sitio para la fotografía oficial, dejando claro que el protocolo no admite gestos más cercanos.
Este episodio destapa las diferencias entre protocolos y costumbres culturales en un mundo globalizado donde las normas diplomáticas remiten siempre al respeto y a la prudencia, pero donde también emergen las tensiones y malentendidos. La cortesía española pone límite físico y distancia. La cálida tradición latinoamericana impulsa cercanía y afecto. ¿Cómo reconciliar estos códigos sin atropellar expectativas o generar incomodidad?
Mientras tanto, la sociedad observa y pregunta qué caminos deben seguir la diplomacia y el respeto mutuo ante la diversidad cultural, y si las rigideces del protocolo podrán adaptarse ante la pluralidad del mundo actual. Pero lo cierto es que, en la noche del Alcázar, queda claro que un beso puede provocar más de una sombra, más que una luz.
