📸 Imagen cortesía: Mikhail Nilov vía Pexels. Imagn de referencia
¿Bailar es un delito para la justicia?
Este martes 30 de septiembre de 2025, en Florencia, Caquetá, se desató una polémica que trasciende la labor judicial y cuestiona los límites entre la vida privada y el rol público. La jueza Marienela Cabrera Mosquera, titular del Juzgado Cuarto Penal del Circuito, enfrenta un proceso disciplinario luego de que se difundieran videos suyos bailando en TikTok, causando escándalo y un debate nacional.
Desde finales de septiembre, la Comisión Nacional de Disciplina Judicial, bajo la dirección del magistrado Manuel Enrique Flores, investiga a Cabrera tras denuncias anónimas que la acusan de publicar grabaciones “de manera sugestiva”, afectando el decoro propio de una funcionaria judicial. Las críticas también cuestionan su compromiso laboral y su vestimenta, considerada inapropiada para la dignidad de su cargo. Sin embargo, la jueza sostiene que los videos fueron filmados en su domicilio y no en el despacho judicial. “Yo no bailo en el juzgado. No tengo videos en mi oficina. Son en el estudio de mi casa”, ha aclarado públicamente.
El proceso escaló cuando la Comisión ordenó revisar las redes sociales y realizar una inspección a su teléfono celular personal, orden que Cabrera rechazó argumentando una violación a su derecho a la intimidad. En declaraciones a medios nacionales, la magistrada ha cuestionado el alcance y la legitimidad de la investigación, denunciando una persecución que, más que administrativa, parece un juicio moral teñido de género. “Es lamentable que a una mujer se la juzgue por cómo se viste o por sus publicaciones en redes sociales, mientras se ignora su trabajo”, señaló.
Este caso evoca una creciente tensión: ¿dónde trazar la línea entre el espacio privado y la conducta pública en la era digital? ¿Hasta qué punto puede un servidor de la justicia ser juzgado por su expresión personal sin que ello afecte su desempeño profesional? Por ahora, el proceso sigue su curso, mientras la sociedad debate sobre el respeto a la intimidad, el rol de la mujer en la justicia y los valores que deben regir el comportamiento público.
¿Podrá la justicia avanzar sin prejuicios ni dobles estándares, o seguirá aplazando su criterio ante la danza controvertida de una jueza? El país observa y cuestiona, mientras las sombras del juicio moral se mezclan con las luces del derecho a la privacidad.


