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¿Medellín a punto de erradicar la desnutrición infantil?
Una cifra que desafía el pasado.
Medellín, 15 de agosto de 2025. La ciudad se abre paso hacia un presente más saludable. El registro oficial del Sistema de Seguimiento Nutricional Infantil (SENIN) revela un dato que, aunque pequeño en porcentaje, resuena gigantesco en impacto: solo el 0,5 % de menores de cinco años sufren desnutrición aguda, la tasa más baja en la historia reciente de Medellín.
Hace no mucho, en 2023, esa cifra ascendía al 1,1 %; en 2024, se redujo a 0,9 %. Pero este año no solo destaca por la disminución en la tasa: no se han registrado muertes infantiles asociadas a esta causa, una sombra que hacía eco en años anteriores y que hoy parece desvanecerse.
Este alentador avance nace de la decisión concertada y la acción conjunta. La Secretaría de Salud de Medellín, liderada por Natalia López Delgado, ha sido el eje articulador de diversas instituciones: la Unidad Especial de Buen Comienzo, la Secretaría de Inclusión Social y Familia, Metrosalud, el Hospital General y el Hospital Infantil, que, bajo el paraguas del proyecto “Cero Hambre”, han tejido una red integral.

¿Y cómo? Con mirada preventiva y acción constante: detección temprana, intervención nutricional precisa y seguimiento permanente. Buen Comienzo, por ejemplo, atendió en 2025 a más de 75.000 niñas y niños, gestantes y lactantes, de los cuales 15.028 fueron identificados con diagnóstico o riesgo de desnutrición. Amplió su oferta a 243 días al año, llegando incluso a fines de semana y vacaciones para más de 17.000 beneficiarios a través del programa Buen Comienzo 365.
Por su parte, Metrosalud encaminó el 94 % de los casos con bajo peso hacia atención especializada y el Hospital Infantil Concejo de Medellín lanzó la Ruta Pediátrica, una iniciativa con una inversión prevista de $10.000 millones, destinada a brindar servicios integrales de salud infantil.
El programa “Nutrir para Sanar, Sanar para Crecer” efectuó cerca de 196.000 valoraciones nutricionales, fortaleciendo la vigilancia y el acompañamiento.
Estos números y esfuerzos convergen en una misma dirección: un Medellín que busca no solo reducir la estadística, sino rescatar cada infancia de la amenaza persistente de la desnutrición. La cicatriz de años atrás se cura lentamente, pero la pregunta queda latente: ¿será este hito el preludio para una ciudad donde ningún niño vuelva a sufrir hambre?
Por ahora, queda la evidencia y queda el impulso. Y, sobre todo, queda la esperanza.
