Medellín pone fin a la concesión de fotomultas y asumirá su operación con un enfoque preventivo

📸 Imagen cortesía Alcaldía de Medellín
¿Adiós a las fotomultas que solo multaban?

Este 31 de diciembre de 2025, Medellín pondrá fin a una era. Durante veinte años, una concesión con UNE marcó el pulso del control vial mediante fotomultas, pero a partir del 1 de enero de 2026, la ciudad tomará las riendas de su propio Sistema Inteligente de Movilidad (SIMM) con un aire nuevo: menos sanciones, más prevención.

La Alcaldía anunció esta transformación con un objetivo claro: pasar de un modelo punitivo a uno enfocado en proteger vidas y educar a los conductores. “Las fotodetecciones no se acaban, pero cambiarán su propósito. Queremos prevenir y no multar”, afirmó el alcalde Federico Gutiérrez Zuluaga. Así, la estrategia se desplaza del afán recaudador hacia la seguridad vial, con cámaras visibles y señalizadas, eliminando ese fantasma que acechaba desde dispositivos ocultos.

Esta evolución no es sólo simbólica. La infraestructura tecnológica y física, valorada en más de 31 mil millones de pesos, dejará de ser concesión privada para pasar al patrimonio público. Además, la ciudad recuperará la totalidad de los ingresos generados, un salto desde el 28,3% actual que iba a la concesionaria. Esos recursos serán invertidos en mejorar vías, transporte, semáforos y campañas de concienciación, señales claras de un giro estructural.

Quien estará al mando es la Empresa para la Seguridad y Soluciones Urbanas (ESU), una entidad con experiencia en manejar la línea 123 y una vigilancia integral de alrededor de 3.200 cámaras en Medellín. En su plan también se incluye la actualización del Registro Único Nacional de Tránsito (RUNT) y el envío de recordatorios para facilitar el cumplimiento ciudadano.

Esta decisión trae consigo un interrogante que pesa: ¿podrá la ciudad equilibrar la gestión técnica con la pedagogía ciudadana? A partir de 2026, Medellín buscará una movilidad donde la tecnología sirva para salvar vidas y no para capturar infractores sin voz. El desafío está en transformar el sistema y la cultura vial, para que el fin de la concesión sea el inicio de una nueva forma de mirar las calles.

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