📸 Cortesía: Metro de Medellín
Nuevos cierres viales transforman Calasanz en un escenario de obras
El barrio Calasanz despierta este lunes 14 de julio de 2025 entre grietas y señales. Esta vez, no es el ruido habitual de la ciudad que se impone, sino el estruendo de máquinas y el silencio de calles cerradas. Comienzan los cierres viales que avanzan sobre la calle 50, entre las carreras 80 y 81B, y en la 50A entre las carreras 82 y 83, para hacer espacio a una infraestructura que promete cambiar la movilidad en el occidente de Medellín.
Estas interrupciones, que operarán las 24 horas del día, son impulsadas por el Metro de Medellín como parte vital de la construcción del sistema subterráneo que llevará energía a la futura Línea E, el nuevo brazo del Metro que busca conectar a miles de usuarios con mayor eficiencia. Para no dejar al barrio en un caos total, la Secretaría de Movilidad activó planes de desvío y circulación parcial, proponiendo rutas alternas por la calle 51 y las carreras 82 y 83, que ya comienzan a marcar nuevos ritmos en la cotidianidad de vecinos y conductores.
Desde junio de 2024, las tareas de construcción avanzan progresivamente en este tramo neurálgico del occidente. El objetivo es claro: tender una línea subterránea que enlace la subestación de EPM con la avenida 80, sosteniendo el futuro férreo con el combustible invisible de la electricidad. La expectativa es ambiciosa, pero la realidad inmediata pesa: lentitud, desvíos y un paisaje urbano alterado.
“Hemos implementado medidas para garantizar la circulación y minimizar el impacto, pero reconocemos que estas obras significan un sacrificio momentáneo para un beneficio colectivo”, explicó un portavoz de la Secretaría de Movilidad. Mientras tanto, los habitantes de Calasanz asumen el desafío diario, atrapados entre la esperanza de un mejor mañana y las incomodidades de un presente en obra.
Este no es un cierre más. Es el umbral entre una Medellín del pasado y otra que se reinventa bajo tierra. ¿Podrán las redes eléctricas sostener el pulso de una ciudad que nunca parece detenerse? El barrio Calasanz, con sus calles adormecidas y desvíos forzados, guarda la respuesta escondida bajo el concreto y el cable que agoniza en su vientre. La obra continúa, igual que las preguntas que el paso del tiempo deberá aclarar.


