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¿Arroceros en pie de lucha, o una cosecha de promesas incumplidas?
Este martes 15 de julio, al segundo día de paro nacional arrocero en Colombia, la tensión crece entre productores y Gobierno sin visos de acuerdo.
Desde la mañana del lunes, cientos de arroceros han tomado las rutas en al menos ocho departamentos —Tolima, Huila, Meta, Casanare, Córdoba, Arauca, Cesar y Santander—, instalando bloqueos intermitentes que complican la movilidad en corredores estratégicos como la vía al Llano, especialmente en el sector Llano Lindo. Este movimiento, convocado por el gremio arrocero, responde a la frustración ante el incumplimiento de compromisos adquiridos en marzo de 2025 entre el Estado y los cultivadores.
La raíz del descontento es económica y profunda. Según Dignidad Agropecuaria Colombiana y otros líderes del paro, el precio de la carga de arroz —que antes oscilaba en los 220.000 pesos por 125 kilogramos— ha caído en picada hasta los 170.000, mientras los costos de producción superan ampliamente ese ingreso. En palabras de uno de sus voceros: “solo 200 productores están habilitados para el apoyo directo a la comercialización y a esos ni siquiera les han entregado mil pesos”. Además, critican la falta de avances respecto a subsidios, fijación de precios mínimos y auxilios financieros, pilares que, prometen, el Gobierno no ha materializado.
Los manifestantes han diseñado una estrategia de bloqueos temporales —entre seis a ocho horas de cierre y periodos de apertura— que afecta la cadena logística del país. La circulación de alimentos, mercancías y pasajeros se ve frenada principalmente en puntos neurálgicos como El Espinal-Ibagué, Chicoral-Bogotá-Ibagué y Aguazul en Casanare. En algunas zonas, el paso es estipulado con cuentagotas, lo que añade una presión palpable sobre la economía local y la vida cotidiana.
Este paro arrocero refleja, más allá del conflicto inmediato, un vacío persistente en la política agrícola nacional, donde las promesas gubernamentales muchas veces se dilatan o se diluyen. ¿Podrán los productores y el Gobierno encontrar un terreno común antes de que la crisis se profundice? Mientras tanto, el campo clama —y la mesa sigue esperando.


