El presidente Gustavo Petro retomó sus críticas hacia Estados Unidos luego de una tregua breve convenida con Donald Trump durante una llamada telefónica el 7 de enero de 2026. Petro cuestionó la intervención militar estadounidense en Venezuela y denunció el papel histórico de Washington en América Latina, enfatizando que su diálogo con Trump busca diálogo, no subordinación.
La comunicación entre ambos mandatarios duró alrededor de 55 minutos en la noche colombiana del 7 de enero. Esta llamada puso fin a meses de intercambios de insultos y amenazas, que incluyeron acusaciones de narcotráfico contra Petro y advertencias de mayores sanciones desde EEUU. La conversación, coordinada discretamente por asesores de ambos países, fue expresada por Trump como “un gran honor” y abrió un espacio para una reunión en la Casa Blanca, aún pendiente.
Sin embargo, solo días antes del contacto, el pasado 4 de enero, Petro condenó públicamente el bombardeo estadounidense sobre Caracas y la operación que permitió la captura de Nicolás Maduro, señalando que EE. UU. se convirtió en “el primer país en bombardear una capital suramericana”. Alertó sobre posibles escaladas del conflicto regional y rechazó lo que llamó la “Nueva Estrategia de Seguridad” de Estados Unidos en la región del Caribe y Suramérica.
Además, el presidente colombiano negó haberse “arrodillado” ante Estados Unidos por realizar la llamada. De acuerdo con varios medios, la iniciativa partió de Bogotá y no de declaraciones de la Casa Blanca. Petro subrayó en su cuenta oficial que “el diálogo no arrodilla, la mentira sí”, y destacó que conversar con Washington es esencial para promover la paz, la democracia y enfrentar el narcotráfico en territorio latinoamericano.
Durante la llamada, según reportes de la prensa regional, Petro planteó su visión crítica sobre la política estadounidense en América Latina y propuso trabajar en una alianza centrada en energías limpias. De forma paralela, mantuvo un discurso interno en defensa de la soberanía nacional y en rechazo a cualquier forma de injerencia externa.
Ante esta situación, se espera que el Gobierno revise el camino del diálogo bilateral y que las próximas conversaciones definan con claridad los acuerdos pendientes para mantener la estabilidad en la región. Las autoridades han recomendado a la comunidad estar atentas a posibles pronunciamientos oficiales y cambios en la política exterior en el corto plazo.


