📸 Imagen cortesía tomado de video difundido en X @AlvaroUribeVel
¿Uribe en las calles, o la patria en vilo?
En la mañana del jueves 7 de agosto de 2025, Colombia despertó con el eco de miles de pasos que, en ciudades y municipios, hicieron un mismo llamado: respaldo al expresidente Álvaro Uribe Vélez, condenado a 12 años de prisión domiciliaria por fraude procesal y soborno en actuación penal.
Las calles se colmaron de manifestantes —acariciados por la lluvia en Bogotá, inundados por el sol en Medellín— que desde la Avenida Oriental hasta La Alpujarra congregaron a más de 50.000 personas, según cifras oficiales. En simultáneo, otros núcleos de apoyos brotaron por Cali, Barranquilla, Cartagena, Cúcuta, Bucaramanga y, en total, al menos treinta escenarios del país fueron testigos de un fenómeno social poco visto en décadas recientes. La convocatoria, mayoritariamente orquestada desde el partido Centro Democrático, pareció trazar con pasos firmes una línea de defensa que no solo abraza a Uribe, sino que cuestiona al gobierno de Gustavo Petro y la polarización que atraviesa a Colombia.
Este 7 de agosto, día marcado por la conmemoración de la Batalla de Boyacá y en medio de la efervescencia de la Feria de las Flores, los colores nacionales ondearon junto a camisetas blancas y consignas que clamaban: “Uribe inocente” y “Defensores de la patria”. Más que una simple protesta, fue un reflejo del alma dividida de un país que se debate entre memorias y esperanzas, entre juicios y liderazgos.
En un mensaje difundido en redes sociales, el expresidente se mostró conmovido: “Siento que mi corazón es pequeño, necesito uno más grande para poder responder a tanto cariño”, expresó, no sin cuidar que su voz también abriera heridas y buscara sanar divisiones.
¿Es esta jornada el preludio de una campaña electoral marcada por el uribismo renovado o un signo más de la fragmentación social que amenaza con enredar el futuro político? Mientras las voces se alzan en las calles, la nación observa, interrogante. ¿Podrá Colombia hallar en el eco de estas movilizaciones una senda hacia la reconciliación, o se verá condenada a repetir el ciclo de la polarización y la incertidumbre judicial?
La respuesta, aún suspendida en el aire, espera paciente entre los pasos que resonaron este 7 de agosto. Pero el dolor y la esperanza, como la lluvia y el sol de Medellín, entran en un duelo silencioso que apenas comienza.

