📸 Imagen cortesía: D.R.A.
¿Guerra sucia digital en campaña presidencial?
Este lunes 22 de septiembre de 2025, la polémica recorrió las redes y las calles de Colombia con una valla que mostraba al senador Iván Cepeda vestido de guerrillero, en una imagen que lo vinculaba a las Farc y hacía alusión a las elecciones de 2026. La pieza, que circuló masivamente durante el fin de semana, estremeció a la opinión pública por su carga ofensiva y por manipular símbolos del conflicto armado nacional.
La controversia no tardó en encontrar respuesta. Abelardo de la Espriella, abogado y precandidato presidencial, negó categóricamente cualquier relación con la elaboración o difusión de esta imagen. Desde su cuenta en la red social X, se desmarcó del material que ha despertado rechazo en amplios sectores políticos y sociales. “No es necesario hacer campaña sucia; eso se lo dejamos a los perdedores que, con trampas y maña, pretenden confundir a los colombianos. Nosotros no haremos lo que hizo Petro; nosotros no tendremos a un Guanumen en nuestras filas. Esta pieza no fue hecha por mi campaña”, afirmó De la Espriella, subrayando que su campaña busca transparencia y limpieza frente a la escalada de denuncias.
El trasfondo político revela una atmósfera enrarecida a menos de seis meses de las elecciones presidenciales. Según reportes de medios nacionales, tanto Iván Cepeda como Abelardo de la Espriella han sido blanco de manipulaciones digitales, algunas creadas con recurrencia a la inteligencia artificial, para minar su credibilidad y desprestigiarlos políticamente. Cepeda, afectado directamente por la valla, anunció que emprenderá acciones legales por injuria y calumnia contra quienes estén detrás del montaje.
Las repercusiones no se limitaron al ámbito de los contendientes electorales. La Defensoría del Pueblo, con la voz de su titular Iris Marín, condenó la imagen como un acto de «violencia política simbólica» y alertó sobre el riesgo que supone este tipo de mensajes, capaces de alimentar la violencia física en un país todavía marcado por heridas profundas. Este episodio coloca una vez más bajo la lupa el libreto de la guerra sucia en las campañas colombianas, que parece agudizarse mientras la ciudadanía observa un panorama político cada vez más fragmentado y desconfiante.
¿Podrá la política colombiana apartar definitivamente estas sombras digitales y ofrecer a sus ciudadanos una contienda limpia y transparente? Por ahora, el malestar se condensa en una pregunta que no solo interpela a los candidatos, sino a toda la sociedad que busca respuestas en medio del ruido y la manipulación.


